La conciencia de los átomos.

Fecha: diciembre 9, 2014 - 10:31 pm Por: Jonathan Ascanio

Hoy más que nunca tenemos la oportunidad de crear un mundo mejor, uno en el que la unidad y el amor sean los pilares de la convivencia, uno en el que la muerte, el caos y toda fuente de dolor sea desterrada para siempre. Uno en el que la inmortalidad no es solo un cuento de revistas de ciencia ficción, sino nuestro verdadero destino, ese que un día decidimos dejar a un lado para comenzar el juego de la vida. Ese mundo que todos deseamos y que está esperando por nosotros ahora y aquí detrás de algo tan simple como colocar la conciencia por sobre la materia.
Jonathan Ascanio.

“Si todas las medicinas pudieran ser lanzadas al océano, sería lo mejor para la humanidad y lo peor para los peces”. Oliver Wendell Holmes, 1809–1894

La conciencia de los átomos.

El gran autor y médico Bostoniano del siglo 19, en realidad no tenía nada en contra de los peces o el océano; sólo que reconoció dentro de su propia profesión un defecto fundamental que persiste hasta el día de hoy. La gran mayoría de las medicinas, tecnología médica, información de salud, técnicas de radiación e incluso la ciencia general, tratan los síntomas e ignoran las causas de la enfermedad y el caos del mundo.

Para entender esto mejor vamos a concebir un pequeño ejemplo sobre cómo piensan los átomos que revela el libro de toda la sabiduría Kabbalista, el Zóhar. Todo en nuestro mundo, incluyéndonos está formado a partir de Átomos, Un átomo es entonces un constituyente de la materia ordinaria, y este a su vez está formado por carga negativa, carga positiva y carga neutra. Esto solo fue descubierto por la ciencia a principios del siglo XX, ya que durante el siglo XIX se había pensado que los átomos eran indivisibles, de ahí su nombre a-tómo- ‘sin división’. El Zóhar desde hace más de 3000 mil años explica que todo se desprende de la unificación del árbol de la vida, el cual está conformado por derecha (carga positiva) Izquierda (carga negativa) y centro (neutral o equilibrio).

Por lo tanto hasta ahora podemos decir que esto no es un secreto para nadie, estamos formados de átomos, no es un gran descubrimiento, aunque sea asombroso que el Zóhar explicara estas teorías desde hace miles de años y la ciencia no lo tomase en cuenta. Pero si es interesante lo profundo que continua yendo el Zóhar al expresar el porqué del origen de las enfermedades a partir de este conocimiento. ¿De dónde proviene una enfermedad? Espiritualmente sabemos que al estar en contacto con el mundo del 1 %, estamos realmente limitados, y una de esas limitaciones es la ilusión de la muerte. Pero, ¿científicamente como explicamos esto? Además de la muerte las enfermedades y el deterioro de nuestro cuerpo, órganos, y físico, son la causa que expresa la física de este efecto final que es la muerte. Pero ¿Por qué envejecemos? ¿Por qué enfermamos? Aquí entran en juego de nuevo nuestros átomos, como es bien sabido por la ciencia, el motivo que explica la física sobre nuestro envejecimiento y desgaste o muerte es que nuestros enlaces atómicos son perecederos. Estos son denominados enlaces Iónicos.

La ciencia explica que todos los átomos quieren ser felices. Este es el termino escogido por los científicos, aunque mi maestro el Rav. Isaac benzaquen diría que no es mera coincidencia que la ciencia utilice el término “felices” para describir el funcionamiento interno del mundo atómico y molecular. Vamos a explicar esto como en un video juego: por tanto existen dos átomos que quieren ser felices, ya sabemos que cada átomo tiene una corteza externa proporcionada por los electrones que orbitan alrededor de su núcleo (generalmente en pares). Supongamos que un átomo en particular requiere 6 electrones para ser feliz, pero solo tiene 4. Y otro átomo requiere de 8 electrones para ser feliz, pero tiene 10. Uno no es feliz porque le faltan dos y el otro tampoco porque justamente le sobran dos. Según la ciencia estos dos átomos se buscarán y llevaran a cabo un intercambio. Como resultado de esta conciencia mutua ambos obtendrán lo que quieren y ambos serán felices. Y no crean que es mera coincidencia que esto sea justamente las reglas básicas que han enseñado los grandes kabbalistas desde hace milenios. Compartir, dar para recibir. Desear tener más, para compartir más. Pero ahora por arte de magia, ocurre algo entre estos dos átomos. Se unen para formar una molécula y este intercambio es lo que se denomina como enlace Iónico.

En este ejemplo vemos como los dos átomos permanecen entrelazados por su enlace iónico debido a sus cargas energéticas respectivas. Si recordamos un poco la física en nuestra educación traeremos a la mente uno de los conceptos que la ciencia aun determina como “real”: “los opuestos se atraen”. Claro, si vemos este ejemplo anterior notaremos que al menos en el mundo de la percepción es así, cuando el primer átomo toma los dos electrones que le faltaban y siendo que el electrón representa la carga negativa, entonces decimos que está tomando una carga negativa. Pero el dador, que da sus dos electrones sobrantes, recibe una carga positiva. Por lo tanto negativo intercambia por positivo es igual a: los opuestos se atraen. Sin embargo esto no es real para la kabbalah, la cual expresa que son los iguales los que se atraen. ¿Cómo existe esta divergencia entre la ciencia y la espiritualidad? ¿Qué saben los kabbalistas que la ciencia aún no ha captado en su plano más esencial?

La kabbalah nos explica que la unión de estos opuestos es solo un efecto. La ciencia sigue basándose en el mundo de la percepción del 1 %, y en este, cuando los átomos se unen, si, los opuestos se atraen. Pero existe una realidad superior que la del mundo subatómico, donde son los iguales los que gravitan en forma uno hacia el otro. ¿Cómo?

En realidad podemos explicar primero la falla mayor de la ciencia, la cual al exponer que el electrón de un átomo es atraído por el protón del segundo átomo niega toda la lógica de su propia teoría al no poder explicar ¿Por qué entonces ese electrón no es atraído hacia su propio protón? es decir, dentro del mismo átomo. La posición de la kabbalah es que si bien este es un efecto aparente en el plano físico, en el nivel de la conciencia es al revés, los iguales son los que se atraen. Y los kabbalistas revelaron este concepto gracias a su conocimiento de las leyes que gobiernan la realidad verdadera o del 99 %. En el nivel más profundo de la conciencia el electrón repele al neutrón en el núcleo donde ambos residen debido a su naturaleza opuesta. La ley de la atracción real del mundo del 99 % es la que no permite a los átomos colapsarse a sí mismos.

Cuando vemos todo este movimiento de conciencia espectacular también entendemos como está relacionado exactamente el mundo y toda su formación y cómo actúan las leyes espirituales con la realidad ilusoria que es nuestro mundo. Por ejemplo la distancia entre electrón y protón es la misma respecto a nosotros de la luz del mundo infinito. Y la misma en relación entre la luz y la vasija, ahora separada en virtud de sus modos “opuestos” de conciencia, compartir en oposición a recibir.

Pero ahora veamos el funcionamiento de esto en relación a una enfermedad y su porque, como en un comics:
Si ya sabemos que todo es semejante en el mundo subatómico y la realidad ilusoria ¿Cómo utilizamos esto en nuestro beneficio? Primero sabiendo que cada pensamiento influye directamente en proporción igual o mayor en este universo interno de nuestros átomos. Por lo tanto, cada vez que somos reactivos, nuestros átomos se vuelven egoístas y se cargan de energía negativa, esto produce un desgaste en los enlaces y particularmente en la conciencia de los átomos. ¿Cómo? La ciencia descubrió una terminología sobre qué es lo que causa que los átomos prácticamente se suelten de sus enlaces y causen, como dijimos anteriormente, todo el deterioro que conlleva a la muerte, estos son los conocidos “radicales libres”. Un radical libre es básicamente un electrón que decidió, a través de la conciencia mayor insertada por nosotros, el no pertenecer más a su comunidad y formar una por sí mismo, es decir, formar un átomo por sí solo. Entonces como su nombre lo dice “radical libre”, deambula por todo nuestro cuerpo con una conciencia negativa y carga de energía negativa.

¿Qué es lo que hace? en vista de que el solo quiere formar otro átomo por sí mismo, necesita robar otros electrones para que le acompañen en su misión, es decir, para que formen parte de su proyecto, solo que algo sale mal. Mi maestro lo explicaría de esta manera: ¿Cuándo tú gritas a un niño para que deje de gritar que sucede? El continuara gritando a otros y cuando esté libre de sentirse comprometido a ti, también lo hará contigo mismo. La conciencia negativa crea una energía poderosa que puede contagiarse como un virus de influenza en milésimas de segundo. Por ende, cuando el electrón se roba otro electrón para sí mismo ¿qué es lo que sucede, según los ejemplos que acabamos de dar? El otro electrón se posee de esta negatividad y quiere formar otro átomo por sí mismo, esto produce otro rompimiento y así en sucesión hasta que causan desastres en nuestro universo interno.

La ciencia descubrió también que lo que detiene este proceso es algo llamado antioxidante. Un antioxidante es básicamente un átomo que deambula buscando por todo nuestro cuerpo estos radicales libres, pero una vez que los encuentra ¿Qué hace? ¿Los destruye? No, básicamente les cambia la conciencia. ¿Cómo? Cuando el radical libre ve el antioxidante o átomo, trata de hacer lo mismo que con los demás y robarle su electrón con su propósito simple de recibir para sí mismo. Pero, en lugar de este resistirse, le dice metafóricamente algo como: “hey, cálmate un instante, no hace falta que me robes mi electrón, toma yo te lo doy”. Inmediatamente el electrón se vuelve pasivo, hay una influencia de conciencia mayor que lo desactivo. Pero paradójicamente es justamente esta conciencia mayor, por la que no tenemos más y más de estos llamados antioxidantes en el cuerpo. ¿Qué quiere decir esto? Todos sabemos que espiritualmente hablando, cualquier cambio tiene y debe provenir primero de nuestra conciencia. Hace poco me explico mi maestro: ¿qué pasaría si una persona diabética es curada por medio de una varita mágica simplemente? muy fácil, volvería a contraer diabetes. ¿Por qué? porque no existe un proceso en su conciencia donde haya aprendido a hacer más ejercicio, a cuidar sus hábitos alimenticios o simplemente a equilibrar su estilo de vida para “no” caer de nuevo en esta dificultad.

Lo mismo con nuestros antioxidantes externos o exógenos, al entrar en un cuerpo reactivo, donde la “conciencia mayor es la reactividad, prácticamente se desactivan”. Por ello la ciencia moderna no logra explicarse el ¿Por qué? las altas dosis de antioxidantes en el cuerpo no logran frenar el desgaste de nuestras cadenas atómicas. La kabbalah revela que no puede existir ningún cambio que no provenga de la conciencia, por ello si no cambiamos desde el ADN de nuestra raíz de pensamientos, muy poco podemos hacer al respecto.

Por lo tanto nuestra conciencia que se expresa en nuestras acciones y comportamiento determina la calidad y solidez de los enlaces que se establecen en cada átomo. Esto está claro hasta ahora, pero ¿Qué ofrece la kabbalah o que propone para erradicar lo anterior descrito?

Como ya lo dijimos el cambio más importante que puede lograr la humanidad en su conciencia y comprensión es darse cuenta de que debemos afectar la causa. Es decir, no se trata de detener los radicales libres, aunque la kabbalah explica una serie de conocimientos espirituales como el compartir, bendecir los alimentos, etc. que proponen como hacerlo. La idea fundamental es detener el hecho de que el electrón se vuelva reactivo y se separe. Ya explicamos que tal como es afuera es adentro, es decir, tal como reaccionamos reactivamente fuera, reaccionan nuestros átomos internamente. Es obvio notar aquí otra explicación determinante en este caso del Zóhar: “Tal como es arriba es abajo”. Una persona que crea distancia entre él y el prójimo, llámese como se llame, igualmente crea distancia entre el protón de un átomo y el electrón de ese mismo átomo. Es decir, que también causamos influencia en el núcleo de esa misma conciencia. Cuando rompemos y creamos separación, igualmente lo estamos haciendo en nuestro enlaces, por ello enseña el Zóhar que todos somos un alma y que lo que sucede a uno, afecta a todos por igual.

La forma en que interactuamos con otros es la forma en que los átomos interactúan. Por ello enseñaba el gran Kabbalista Hilel, que la piedra angular del trabajo Kabbalista era: “ama a tu prójimo como a ti mismo, lo demás, escucha, ve y aprende”. Y ahora entendemos que esto no es solamente una hermosa forma de pensar, sino una tecnología científica que cambia rotundamente la forma de nuestro futuro más próximo. Si fuéramos capaces de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos de forma completa y desinteresada, con todo nuestro corazón y nuestra alma, los átomos que nos forman se unirían de esta misma manera y con esa misma armonía, danzarían para siempre, por lo que nuestro cuerpo no envejecería y nuestra longevidad sería la de los ancianos bíblicos como matusalén. Si, tal vez aun no lograríamos la inmortalidad porque nos haría falta aún un salto cuántico en la conciencia final. O tal vez sería ese el último pasó, ese que realmente necesitamos, no podríamos conceptualizar a Dios y sus determinaciones o procesos. Pero esta es la base de la comprensión de que nuestra conciencia controla el juego, la interacción, el enlace y reciclaje de átomos que tienen lugar en nuestro cuerpo, lo cual significa que la calidad de la salud y de todos los aspectos de nuestra existencia está determinados en nuestra conciencia.

Las medicinas como los antioxidantes tratan solo el efecto, la materia básica, y si, pueden ayudarnos mientras la conciencia eleva peldaños en su estructura y crecimiento, pero nunca va a llevarnos a la inmortalidad o la derrota final de toda enfermedad por si sola. Jamás ocurrirá esto.

Es de la divinidad de donde proviene esta esencia, esa que todos poseíamos antes de entrar en este juego de la vida, antes de tener la necesidad de ganarnos todo lo que vamos obteniendo. Esto se demuestra en el agua, tal vez hayas bebido al menos un vaso de agua, lo que no es probable es que sepas que el agua que metiste a tu boca tiene tres mil millones de años de antigüedad. Si alguna vez has probado un jugo, leche o liquido vencido apreciaras a lo que me refiero. El agua que ingerimos no ha sido tratada ni tiene fecha de vencimiento, este líquido de millones de años nunca se estropea. El agua tiene propiedades atómicas que la convierten extraordinariamente en inmortal y son estas mismas propiedades las que cuentan la existencia misma de la vida. Explica el Zóhar que el agua fue creada mucho antes que el mundo, el universo y su creación, el agua ya estaba sobre todo esto y por ello está escrito en génesis: 1) “En el principio creo Dios los cielos y la tierra y la tierra estaba vana y vacía, y había oscuridad sobre la faz del abismo, y el espíritu de Dios se cernía sobre la faz de las aguas”. Obviamente las aguas fueron primero pues no nombra que Dios creo el agua, sino que ya era el agua y el merodeaba sobre ellas.

El Zóhar dice que el agua es la sustancia en la tierra más cercana en forma al Creador mismo. De hecho en muchas frases y parábolas se usa la metáfora del agua como la fuerza de la luz del Creador. La ciencia lo explica a través de un enlace atómico diferente, o enlace Covalente. Un enlace covalente es prácticamente una armonía de átomos en donde todos dan sus electrones proactivamente unos a los otros y esta fuerza innata de recibir (electrón) se utiliza con el único propósito de compartir aún más (protón).

Podemos crear un cambio hoy, estamos en la época cósmica destinada para que creemos y logremos grandes cosas, la era de acuario es la destinada por el Zóhar para hacer el salto cuántico que necesitamos. Pero primero debemos unirnos más que nunca, crear la unidad entre ciencia y espiritualidad para por fin comprender los aspectos profundos de la unificación del todo. Y esto significa compartir y ser uno con el prójimo. Cuando la ciencia por fin incorpore y así a su vez cada uno de nosotros despierte hacia este sentido Kabbalístico vamos a dominar el enlace covalente, espiritualmente hablando, vamos a poner fin a la muerte. Desde la perspectiva cósmica, crearemos la afinidad perfecta entre la luz y la vasija, y conforme a los principios de ciencia-espiritualidad el mundo permanecerá unido y eternamente conectado con la realidad mayor del árbol de la vida.

Si es un sueño ambicioso pero nada que sea bueno es fácil de lograr. Mientras tanto, podemos seguir trabajando, y brindando el respeto, la dignidad humana y el amor que todos y cada uno como parte de ese todo merece.

Bendiciones y luz…
Con amor: Jonathan.

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