El Midrash

Fecha: diciembre 15, 2018 - 7:05 pm Por: Jonathan Ascanio

Iacoob bendice a Efraím y Menashe

Yosef recibió un mensaje que decía – Tu padre está muy enfermo. Estas noticias le llegaron a través de su hijo Efraím quien frecuentaba la casa de Iacoob en Goshen para estudiar Torá. Llegó a la capital egipcia para informarle que el estado de salud de Iacoob era delicado. Iacoob fue la primera persona en la historia en enfermarse antes de morir. Sin embargo, su enfermedad era deliberada, como consecuencia de un pedido formulado a Hashem. En efecto, todos nuestros antepasados hicieron pedidos similares a Hashem:

– Antes de los tiempos de Abraham, todas las personas parecían jóvenes hasta que morían. Abraham pidió a Hashem que le diera señales físicas de vejez, argumentando: «Si un padre y un hijo se parecen, ¿cómo sabrán las personas a quien honrar si ingresan a un lugar juntos? Distingue al hombre mediante señales de vejez, como pelo canoso y arrugas, entonces la gente sabrá a quien respetar».

Hashem contestó – La verdad, pediste algo bueno. Comenzaré contigo. Así Abraham comenzó a tener aspecto de un hombre viejo y toda la humanidad tuvo rasgos externos de vejez después de él.

– Antes de los tiempos de Itzjak, nadie sufrió ningún dolor. Llegó Itzjak y solicitó que hubiera sufrimiento. Le dijo a Hashem – Si una persona muere sin haber experimentado dolor, se le aplicará la severidad total de la sentencia celestial. El dolor en este mundo lo eximirá del Guehinam (infierno)- castigo en el mundo- por- venir.

Hashem contestó – La verdad, pediste algo bueno. Comenzaré contigo. De esta forma, Itzjak encegueció.

– Iacoob pidió por enfermedad antes de morir, argumentando ante HaShem – Si un hombre muere repentinamente, no podrá dar las instrucciones a sus hijos con anticipación para resolver sus asuntos. Dispón de un tiempo preparatorio de enfermedad antes de la muerte y podrá hacer todos los arreglos necesarios.

Hashem dijo – La verdad, pediste algo bueno. Comenzaré contigo. Por lo tanto, Iacoob fue el primer hombre en enfermar antes de su muerte.

– Hasta los tiempos del Rey Jizkiahu, nadie se recuperaba de una enfermedad fatal. Jizkiahu rezó a Hashem – Si un hombre permanece saludable hasta su muerte, olvidará su Teshuva. Pero si alguien está muy enfermo hará teshuva con la esperanza de recuperarse.

Hashem dijo – La verdad, pediste algo bueno. Comenzaré contigo. Jizkiahu cayó gravemente enfermo y luego se recuperó.

Este Midrash es un sorprendente parámetro para nuestros días y tiempos. Si pudiéramos formular un deseo a Hashem, ¿cuál pediríamos? Seguramente pediríamos la eterna juventud, salud, felicidad, etc. El Midrash nos cuenta que nuestros patriarcas pidieron lo contrario; pidieron verse avejentados, sufrir y enfermarse. ¿Por qué reaccionaron en forma diferente? La respuesta es que nosotros le atribuimos mayor importancia al bienestar en este mundo. Sin embargo, nuestros patriarcas fueron siempre consientes que el objetivo de sus existencias es el Olam haba. Por ello solicitaron todo lo que hiciera prosperar el bienestar espiritual y rechazaron cualquier elemento que fuera en detrimento del bienestar de la neshama (alma).

La esposa de Yosef, Osnat le aconsejó – Recibir una bendición de un Tzadik es equivalente a recibir una bendición de Hashem. Lleva a nuestros hijos con Iacoob para que los bendiga. Por consiguiente Yosef viajó junto con sus dos hijos para visitar a su padre en Goshen. Trató de hablar con su padre acerca de dos temas:

  1. para solicitarle que incluya a sus hijos Menashe y Efraím entre las tribus.
  2. para expresar su protesta porque la madre de Yosef, Rajel había sido enterrada fuera de la Cueva de Majpela.

Iacoob debilitado por su enfermedad, estaba en su cama cuando le informaron – Tu hijo, Yosef llegó. Se fortaleció y se sentó derecho en su cama. Dijo – Si bien la persona que viene es mi hijo, es también un rey. Iacoob se esforzó para sentarse erguido porque temía que sus palabras de otro modo podrían ser consideradas como las de un hombre senil. No quería que nadie le reclamara más adelante, «Iacoob dio sus bendiciones cuando su mente ya no estaba clara». Iacoob contestó ambos puntos que Yosef mencionó. Respecto a la solicitud de Yosef de considerar a Menashe y Efraím como equivalentes a las otras tribus, Iacoob contestó: «Cuando Hashem se reveló en la ciudad Luz, me prometió, «Una nación y una comunidad de tribus habrán de descender de tí» (Bereshit 35:11). Cuando mencionó «una nación», se refería a Biniamin de quien estaba embarazada tu madre. Biniamin era el último de mis hijos. ¿A quién hizo referencia Hashem cuando me prometió “una comunidad de tribus” nacerán de ti? Seguramente hizo referencia a tus dos hijos quienes todavía no habían nacido y que serían contados entre las tribus. Efraím y Menashe estarán en igualdad de condiciones que Reuben y Shimon. Poseerán sus propias banderas, estarán encabezados por sus propios nesi-im (líderes) y recibirán partes independientes en Eretz Israel. Respecto del reproche de Yosef relacionado con que su madre había sido enterrada fuera de la Cueva de Majpela, Iacoob explicó a su hijo – Cuando llegué de Padan Aram, Rajel murió. Su muerte fue más penosa para mí que todas las demás penurias que sufrí jamás. La enterré a la vera del camino; sé que te sientes herido pues te he pedido que hagas por mí lo que no cumplí con tu madre. Sin embargo, créeme que deseo tan fervientemente como tú que fuera enterrada en la Cueva de Majpela junto a mí.

– Di una sola palabra y la haré llevar a la Cueva de Majpela – dijo Yosef.

– No puedes hacer eso, hijo mío- contestó Iacoob – porque fue por mandato divino que la enterré en Betlejem. Hashem me reveló que en el futuro los Bnei Israel serán exiliados por Nevujadnetzar y en el camino pasarán por la tumba de Rajel. Tu madre Rajel pedirá a Hashem que tenga misericordia de ellos y El aceptará su tefila.

Iacoob quiso bendecir a los hijos de Yosef. De repente el Ruaj HaKodesh  partió de él porque vio una visión profética, que reshaim descenderían de ellos, el rey pagano Iehu sería descendiente de Menashe y el Rey Ajav de Efraím.

– ¿Quiénes son ellos? – cuestionó a Yosef. – ¿De qué matrimonio descienden que no merecen una bendición? ¿Cómo puede ser que sean antepasados de reyes que inducirán al K-lal Israel a practicar la idolatría?

Yosef contestó – Son hijos míos, tan justos como yo, nacidos de un matrimonio consagrado. Sacó su contrato de matrimonio y se lo mostró a su padre. Iacoob le dijo – Déjame sentirlos y besarlos para que el Ruaj HaKodesh  regrese conmigo, pues no puedo verlos.

Iacoob no pudo verlos porque sus ojos se habían debilitado por el continuo estudio de la Torá. No podía abrir sus párpados salvo que los levantara con su mano. Yosef colocó a sus hijos entre las rodillas de Iacoob y éste los besó y abrazó. Sin embargo, el Ruaj HaKodesh  no regresó a él. Por ello Iacoob trató de distraer la atención de Yosef tratando un tema diferente, diciéndole – Nunca me atreví a pensar que volvería a verte y ahora Di-s me muestra a tu descendencia. Cuando Yosef se dio cuenta que su padre no podía bendecir a Efraím y Menashe, los quitó de las rodillas de Iacoob y pidió a Hashem misericordia para que el Ruaj HaKodesh regresara nuevamente con Iacoob. – Amo del Universo- imploró – ¿acaso mis hijos no tienen mérito?

Les dijo a sus hijos – Cualquier grandeza mundana que posean es solamente transitoria. Recen para que el Ruaj HaKodesh  regrese con mi padre y que pueda bendecirlos. Tanto Yosef como sus hijos rezaron y cayeron al suelo implorando a Hashem para que la shejina se posara sobre Iacoob nuevamente. La shejina regresó de inmediato porque Hashem no rechaza las plegarias de los miembros de la tribu de Yosef cuando imploran a Hashem seriamente y caen al piso para hacerlo. En cuanto el Ruaj HaKodesh regresó con Iacoob, Yosef colocó a Menashe, su hijo mayor, a la derecha de Iacoob y a Efraím, el menor, a la izquierda del padre para recibir la bendición. Sin embargo, Iacoob invirtió sus manos, colocó la derecha sobre la cabeza de Efraím, el menor. Su mano izquierda la colocó sobre la cabeza del mayor, Menashe. El cambio se debía a que presagiaba que el menor llegaría a ser más importante ya que el futuro líder Yeoshua estaría entre sus descendientes.

Iacoob bendijo a su hijo Yosef y a sus nietos con las siguientes palabras:

«Ha-elokim asher hithalju avotai lefanav Abraham ve Itzjak» / Di-s ante Quien mis padres Abraham e Itzjak se movilizaron rápidamente para cumplir con Su voluntad, haro-e oti me-odi ad haiom ha-ze / Quien me ha dado el sustento hasta hoy en día como un pastor que alimenta a su rebaño, hamalaj hagoel oti mikol ra / enviándome siempre un ángel para rescatarme en tiempos de necesidad (De esta forma Su ángel me rescató de las manos de Esav y de las manos de Laván y me dio el sustento durante los tiempos de hambre), ievarej et ha-nearim/Que (el ángel) bendiga a los jóvenes (Efraím y Menashe).

Las palabras de Iacoob «que bendiga a los jóvenes» también hacía referencia a los descendientes de Efraím y Menashe, Yeoshua y Guideon, ambos fueron interceptados por ángeles.

Veikarei vahem sh-mi ve-shem avotai / Permíteles llamarse por mi nombre y los nombres de mis padres Abraham e Itzjak. La nación judía es referida en algunas ocasiones como Efraím y Yosef (Irmiahu 31:9 y Amos 5:15).

Veidgu larov bekerev ha-aretz / y déjalos procrearse como peces

Así como los peces son prolíficos y no son afectados por el mal de ojo porque están cubiertos de agua, así los descendientes de Yosef se multiplicarán y se mantendrán alejados del mal de ojo.

¿Cómo fue que los hijos de Yosef merecieron esta bendición en particular?

Yosef protegió sus ojos y se abstuvo de mirar donde no correspondía (a la esposa de Potifar), por ello su tribu quedó protegida contra el mal de ojo.

La bendición impartida a Efraím y Menashe servirá de modelo a todos los padres judíos que bendecirán a sus hijos: «Que Hashem te asemeje a Efraím y Menashe».

Yosef notó que su padre había colocado su mano derecha sobre la cabeza de Efraím, el menor, y pensó que confundía sus edades. Tomó la mano derecha de su padre y la colocó sobre la cabeza de Menashe. – Así no, padre- explicó Yosef. – Este es el primogénito. Coloca tu mano derecha sobre su cabeza.

Sin embargo, Iacoob se negó y dijo – Mi mano derecha corresponde colocarla sobre la cabeza de Efraím. El Ruaj HaKodesh  me lo indica. Es verdad que Menashe es importante porque el Juez Guideon descenderá de él. Sin embargo, la descendencia de su hermano menor superará a la del mayor con Yeoshua, cuya fama se difundirá en todo el mundo cuando detenga al sol en el cielo.

– ¿Tú crees Yosef que no soy consciente de un hecho que es obvio para ti? El Ruaj HaKodesh  me da a conocer cosas que tú nunca me contaste. Yo sé que fuiste vendido. Conozco las motivaciones de Reuben cuando pecó. Conozco los pensamientos de Yehuda cuando se aproximó a Tamar. ¿Y tú creíste que no sabía cuál de tus hijos es el mayor?

¿Por qué Efraím merecía reemplazar a Menashe, el verdadero primogénito? Efraím era modesto y discreto. Como Hashem ama a los humildes, Le otorgó a Efraím el derecho de primogénito. Después de haber bendecido a los hijos de Yosef, Iacoob anunció a Yosef – Pronto moriré, pero Hashem estará contigo y te enviará a Su redentor para liberarte del exilio egipcio. Te revelaré tres señales por las cuales podrás identificar al verdadero redentor:

– Empleará la expresión anoji cuando se dirija a tí.

– Designará como líderes a los Sabios de la Tora.

– Pronunciará la expresión pakod ifkod.

Cuando Yosef murió, el mensaje de Iacoob fue transmitido a Seraj bat Asher quien sobrevivió a todos los demás miembros de su generación. Aún vivía cuando Moshe llegó a Egipto y se reveló ante los Bnei Israel. – Si pronuncia las palabras «Pakod Ifkod», es el verdadero mensajero de Hashem. Por lo tanto, cuando el pueblo escuchó estas palabras de la boca de Moshé, creyeron en él y en su misión.

Iacoob prometió a Yosef – Como recompensa por tomarte la molestia de llevarme a Eretz Israel para el entierro, te entrego la ciudad de Shjem para que seas enterrado allí (además de la porción de tierra que te corresponde junto con tus hermanos). Arrebaté Shjem de las manos de los Emorim cuando me aposté con mi arco y flecha para ayudar a Shimon y Levi después que ellos asesinaron en Shjem, cuando todos los reyes emoritas se congregaron para matarnos. Además, te confiero el derecho de primogénito de realizar la avoda. Yosef estaba muy feliz después de recibir de su padre estas bendiciones.

Los hermanos se sintieron celosos que Yosef haya recibido una bendición especial y comentaron en forma irónica – ¡No es de extrañarse! La gente se inclina hacia quien ocupa los altos cargos. Pensaron que Iacoob le había dado un trato parcial porque era un gobernante. Sin embargo, Iacoob les recriminó y les dijo – Tengo suficientes bendiciones para todos. Elegí a Yosef por su temor a Hashem tan especial. Si ustedes alcanzan ese nivel, todos merecerán la misma bendición.

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